martes: las bicis son como caballos

Después que le conté sobre el sueño de los peces-gatos en la olla Rocío me dijo que hay peces que son como gatos y yo pienso que las bicis son como caballos.
No hizo viento esta noche y pedaleamos fuerte. Andamos sin saber por dónde andamos pero sabiendo que llegamos, confiando en los zainos metálicos.

Al regreso en lo oscuro nos chocamos un albino. No fue culpa de nadie. No fue culpa nuestra porque nosotras recién estamos aprendiendo a andar juntas en bicicleta y un par de veces nos chocamos las manos y los manubrios, y yo pensaba pobres las manos de ella, que tiene mañana examen de piano y se las voy a romper contra el manubrio; tampoco fue culpa del albino porque él qué sabía que al salir de la casa iban a pasar dos en bicicleta bien pegadas contra la pared, hablando de bailarines, traumas causados por hermanos mayores y corcheas. Andábamos en la vereda porque yo propuse subir desde la calle: quería que Rocío me terminara de contar sobre el chico bailarín, y como estábamos ya enfrente a mi casa se nos iba a ir el tiempo sin que acabara la historia. Dije: demos vueltas a la manzana por la vereda hasta que termines de contarme. Los chicos que están tomando en la rambla y nos vieron pasar ya dos veces la van a limar, no van a entender nada, dije. Nunca más van a comprarle cerveza a la del kiosco de enfrente. El albino salió del medio de la noche en la primera vuelta y Rocío, que está aprendiendo a manejar con una sola mano, casi se lo choca. Lo suficiente como para que el albino se asustase pero dijese hola, en lugar de decir cuidado, o mentarnos nuestras respectivas madres. Hola, dijo. Tan dulce, tan amable. Creo que ella contestó buenas, él dijo que estaba todo bien, yo pedaleando grité al vuelo perdonanos y él agregó, cada vez más lejos, buenas noches, o un beso chicas, o algo así de gentil. Hubiéramos seguido hablando pero las bicis son como caballos, y doblamos en la esquina.

Veníamos de dar vueltas sobre una calle empedrada que bordea una plaza. En una esquina, contra un auto, un señor grande se estaba chapando una señora. Ella con la espalda contra el fiat, él encima, con los brazos estirados, encerrándola. Como tentáculos, dijo Rocío. Yo me acordé de cuando los varones te agarraban para bailar lento en los malones, la posición tiesa y medio zombie en que una pone los brazos para resguardar estúpidamente el plexo. ¿Viste al señor? Cuando yo sea una señora grande quiero que me sigan chapando como a los 20, dije. Yo también, hasta hay un manual de cómo dar besos mientras andás en bicicleta, dijo Rocío, y me explicó un poco, pero no mucho porque la avenida estaba llena de micros enormes como ballenas que se nos venían encima y no podíamos sincronizar el pedaleo.

Anduvimos casi dos horas. A ella le duele algo que se llama losabductores, a mí las piernas en general y me parece que se me rompió uno de los rayos de la rueda de atrás. Descubrimos que no sabemos para qué estan los rayos de una bici así que no me preocupé, cómo me voy a preocupar porque se ha roto algo que ni sabía que estaba.

Después fuimos a una verdulería, lo que es una mentira absoluta porque la verdad es que una verdulería vino hacia nosotras. Las bicis nos llevaron. Las bicis saben, dijo Rocío. Son como caballos, pensé. Estaban cerrando. Rocío pidió permiso y entró, y compró kiwis, duraznos y lechuga y zanahorias. Preguntó si era una granjita, porque había muchos chicos con collares y barba levantando los cajones y guardando las verduras en un camión. En mi mente ya estaban todos los chicos subiendo al camión, uno atrás cargaba una guitarra y se iban cantando a la granja a madrugar, mañana amasarían pan. En mi mente los chicos de la granja siempre madrugan y siempre que madrugan hay sol. Cuando el chileno se nos acercó, la chica de la caja asomó la cabeza afuera del negocio y me sonrió. Sonreía como una nena chiquita.

El chileno era muy delgado, no tenía más de veinte años, y se tocaba el pecho al hablar. Nos dijo somos poetas, somos artistas, somos músicos. Él tiene un cuarzo, dijo y señaló a uno. Es por la energía, le contesté. , dice, nos conectamos por el cuarzo, ¿entiendes? Yo me sentí medio estúpida porque me estaba comunicando por un teléfono celular, existiendo el cuarzo, así que guardé el teléfono y decidí prestar más atención. El del cuarzo tenía más barba que los demás y el pelo más largo, más oscuro y más enrulado, y estaba cargando un chango metálico con cajones de madera, pero cuando lo nombraron nos miró. Por la energía, creemos. La energía está en el cuarzo y también está en los ojos. Me estás chamuyando, dijo Rocío, pero cuando lo dijo se reía, yo la vi. No, no, tenemos una banda de música, somos poetas. La ayudamos a la chica con los cajones, nos da verduras. Esta noche tenemos una fiesta. Siempre a esta hora estamos por aquí cerrando, pasen chicas.

Entre nosotras dijimos después que íbamos a pasar haciéndonos las distraídas como quien no quiere la cosa, culpar a las bicicletas. Ellas nos trajeron hasta aquí, vamos a decir. Son tan dulces, ese acento, dijo Rocío. Una vez me enamoré de un chileno sólo por cómo hablaba, me dijo. Yo recordé que una vez besé un francés por el mismo motivo. Danos un acento, una neura, una tara, danos un trauma, danos algo que nos alimente y te besamos.

Las bicis son como caballos, el cuarzo es como la luz, los besos son como el aire y los gatos son como peces. En los sueños en que los gatos son peces, me dijo Rocío, en esos sueños a lo mejor está la clave. Nosotros, en la vigilia, nos decimos durante siglos que si tales equis son gatos ergo no son peces y viceversa. Dualizamos para compartimentar porque sino todo sería un caos enorme en el que un gato puede ser un pez y puede ser una runa maya y puede ser también el desengaño, pero entonces todo nuestro pobre sistema de creencias quedaría huérfano y no tendríamos dónde caminar a torpes pasos, nosotros mismos huérfanos gateando. La humanidad no tolera la orfandad porque entonces nunca podría erguirse orgullosa sobre sus dos patas, existen los dioses para solucionar esa falta. Pero a lo mejor, dice Rocío, es al revés y estamos ocultando que gatos y peces son uno y lo mismo. O dioses y hombres o puentes y pianos.

Las bicis son como caballos.

9 comentarios:

Mariano dijo...

Oiga, un albino a la noche, cuanto menos, califica como baliza humana.
Menos mal que no venía boludeando con el celular... pobre alwine.

Yo recuerdo, hace mucho ya, debo reconocer, que cuando uno bailaba lentos había un punto de quiebre, un momento en el cual, cuando la dama en cuestión flexionaba los codos, cediendo toda su defensa ante los encantos de su Romeo de turno, decía, ése momento caía ante nosotros como una revelación. Ésa era la forma, solapada, en la que ustedes, oh bellas damas, nos decían tácitamente "partime la boca de un beso ahora, pelotudo".

Pero claro, las bicis son como caballos. Como los tipos a veces somos medios pescados.

Hugo dijo...

No me imagino a un albino enojado, tienen demasiada pinta de seres pacíficos.

Para la próxima consíganse unas luces, antes de terminar en cana por lesiones graves...

vdc dijo...

gironda no lo puedo creer.
gracias.
gracias.
grosa.
gritos.
grillos.
gracias.

Mr. Popo dijo...

Sabias que el pez gato tiene unos bigotes muy simpáticos?

Siempre sospeché de las bicicletas. Sobre todo por los relinchos.
Cuando era chico yo pensaba que las calles se movían, y no los autos, como una cinta transportadora.

Respecto al cristal, no quisiera quedar como un ñoño, pero si tenes un reloj (a pila) o un celular es clavado que tiene un cristal de cuarzo que, de una manera mucho menos mágica y mucho más aburrida, te permite comunicarte.

Una cosa más: hace arreglar el rayo, porque si de veras está roto se rompió el hechizo que mantiene a la rueda redonda y eso termina rompiendo los otros rayos.


PD: a mi me gana la tonada misionera.

Guillermo Altayrac dijo...

Todo es lo mismo, Ivana. Todo.
Pero no.

Me quedo con ganas, cuchillo y tenedor en mano, de saber más sobre el sueño de los gatos-peces en la olla.

Y ten cuidado con esos sujetos, Ivana. No son lo que aparentan. Son entidades extraterrestres. Se comunican a través del cuarzo. Vienen a la Tierra en busca de vegetales.

Y de hembras para perpetuar su especie.

Abrazo grande. Un gusto seguir leyéndote.

Ivana dijo...

Mariano:me gusta la autocrítica, pescado.
Hugo:necesitamos las luces, más que nada, por cuestiones de supervivencia personal y recontra egoísta. Que se consiga luces el albino si no quiere ser atropellado, qué quiere.
vdc:yo no te puedo creer a vos, te he dicho, vos me dijiste lo más lindo que me dijeron nunca nunca en la vida.
Mr.Popo:¿sabés que me acordé del pez-gato ahora que lo decís? Sobre el dato del cuarzo: voy a volver a mirar mi celular con respeto, no sabía nada de lo que decís. Respecto de la rueda: voy a ir a la bicicletería con el caballo.
Guillermo:después si me acuerdo te mando un correo con el sueño completo, incluía una mujer-pantera. Te caés y te levantás. Te caés de nuevo.

Barna dijo...

"Yo recordé que una vez besé un francés por el mismo motivo. Danos un acento, una neura, una tara, danos un trauma, danos algo que nos alimente y te besamos."

Extrañamente encantando por esta frase. Suerte en la insula.

PD: Actualicé Disimule... con el fragmentito que la otra vez no termine de postear

Guillermo Altayrac dijo...

Ok. Te tomo la palabra.
Aquí estoy para recordártelo.

¿Viste la película de la mujer pantera?
¿Y leíste «El beso de la mujer araña», de Puig?

Abrazo de proporciones importantes.

Ivana dijo...

Barna: un beso no se le niega a nadie.

Guillermo: la peli no, el libro claro, al despertarme lo primero que pensé fue en Manuel Puig ♥